6 grandes beneficios de la natación y los deportes acuáticos
Por placer, para estar en forma, eliminar sobrepeso o por prescripción médica. La natación y otras actividades de piscina son deportes para todos los públicos: tonifican todo el cuerpo, relajan el estrés y hasta reducen el dolor menstrual.
“Mejoraría mucho con un poco de natación”. La frase es habitual en las consultas del fisioterapeuta. En especial, ante casos de osteoporosis, artrosis o dolencias lumbares. También en embarazadas o en aquellas personas de vida sedentaria cuya débil musculatura es propensa a contracturarse por las malas posturas en el trabajo o por algún sobreesfuerzo.
La primera está en el agua: casi 900 veces más densa que el aire. Cualquier movimiento, por suave que sea, va a encontrar más resistencia que en tierra firme. Eso obliga a poner en funcionamiento prácticamente a todo el sistema locomotor. “Desde el cuello a los tobillos, todo se mueve y de forma simétrica”, explica el fisioterapeuta Arturo Brocate, del Centro de Osteopatía Valdemoro.

Cardio y fuerza sin impacto
Flotar en horizontal reduce la presión sobre la columna vertebral. También se atenúa el impacto sobre las articulaciones. Por eso está muy indicado para pacientes con hernias de disco o personas con obesidad que desean realizar una actividad cardiovascular sin sobrecargar las rodillas o los tobillos.
Además, en la piscina no sólo se nada. Se puede caminar casi en estado de ingravidez (sumergidos pesamos sólo un 10% del peso normal). “Esto permite apoyar el pie mucho antes que fuera de la piscina en caso de lesiones como fracturas o tendinitis. Así aceleramos la recuperación”, apunta Brocate. Y de manera menos dolorosa porque la sensación es de que se pesa menos.

Mejora la capacidad pulmonar
Las dolencias respiratorias suelen ser grandes saboteadoras de los buenos propósitos de hacer deporte. “Los alérgicos al polen o los asmáticos se benefician del ambiente húmedo de la piscina ya que les es más fácil respirar. La postura horizontal también beneficia a los hipertensos: facilita el retorno venoso desde las extremidades al corazón”, comenta Brocate.
Sin olvidar que, como cualquier otra actividad cardiovascular, estamos fortaleciendo el corazón. Otra de las ventajas de ir a nadar a una piscina climatizada es que no le afecta la mala meteorología. Se acabaron las excusas del tipo “hoy hace mucho frío”.

Aumenta la resistencia
No se puede pasar del sillón al deporte olímpico en un abrir y cerrar de ojos. “Nadar un único día a lo bruto sólo causará agujetas y desmotivación. Hay que ir poco a poco. Es mejor tomarlo con calma e ir viendo cómo responde el cuerpo. Si a los 10-15 minutos notamos cansancio, hay que parar entre 30 y 60 segundos. No debemos esperar a que los latidos del corazón estén desenfrenados. Si al detenernos vemos que podríamos hablar es que aún nos quedan fuerzas; si estamos sin resuello, hay que esperar a que la frecuencia cardíaca baje. Con el tiempo aumentaremos la resistencia. Entonces podremos mejorar la técnica o proponernos nadar más deprisa”, comenta Andrea Pimentel, fisioterapeuta en Saludando.
Como en otros deportes, ante la menor sospecha de una cardiopatía es imprescindible hacerse un chequeo previo.

Reduce el dolor de espalda
Una persona sana puede nadar al estilo que más le guste siempre que lo haga bien. Si hay problemas de espalda, mejor crol o espalda. “La braza está totalmente desaconsejada en lesiones cervicales o de rodilla. Además, si no hay buena técnica, se tiende a levantar demasiado el cuello para respirar. Esto genera problemas musculares. La mariposa, el estilo más violento, es fatal en caso de lumbalgias”, advierte Pimentel.

Mitiga el dolor menstrual
Bañarse alivia las molestias habituales de la menstruación. Pimentel recuerda que “se segregan endorfinas, las hormonas de la felicidad, que disminuyen la sensación de dolor. Además, la posición horizontal y el ligero masaje del agua contribuyen a reducir la hinchazón”.
Y un detalle: como los niveles de relaxina suben durante el síndrome premenstrual es más fácil sufrir una torcedura de tobillo al practicar running o tenis. En el agua no existe ese riesgo.

Alivia el estrés, la ansiedad y la depresión
La ausencia de referencias corporales (sólo se ven los gorros) alivia en casos de falta de autoestima. Es un deporte individual perfecto para quienes atraviesan un proceso depresivo.
Además, la agradable temperatura del agua y la cadencia relajada mientras nadamos rebaja el estrés y combate la ansiedad.











